DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA

Todos aquellos profesionales que trabajamos en el mundo de las emergencias intentamos estar preparados para la atención de una catástrofe. En nuestro país este tipo de sucesos no son habituales (por suerte) por lo que la gran mayoría de nosotros tenemos una experiencia real bastante limitada. Nuestra preparación se basa en mucha teoría aprendida en cursos específicos, lectura de artículos y/o libros y algún que otro ejercicio de entrenamiento (a nuestro parecer, escasos y muy enfocados a la exhibición).

La teoría dice que cuando llegas (primer recurso sanitario en la zona) a un accidente de múltiples víctimas o a una catástrofe, lo primero que hay que hacer es organizar el lugar. Absorber el caos. Por otro lado, hay que evitar entrar en la zona roja (zona caliente/zona del impacto o de salvamento). Ese área es potencialmente peligrosa y los sanitarios no tenemos ni los medios ni los conocimientos para hacerla segura. Deben ser los servicios de rescate (bomberos) (o grupo especial como los Tedax en caso de atentado terrorista) los que aseguren la zona para, acto seguido, comenzar con las labores de rescate. Excepto que los bomberos lo requieran, como por ejemplo para hacer un rescate sanitarizado, el personal sanitario no debería entrar en zona caliente.

la foto

Sectorización del lugar de la catástrofe
Fuente: http://www.duecadiz.com/criticos/documentacion/%20guia_estudio_catastrofe.pdf

La experiencia en otros países (Nueva York, 11-S) nos deja ver las consecuencias de no seguir esta regla, donde cientos de policías, sanitarios y bomberos que estaban realizando tareas de rescate en la Torre Sur (Torres Gemelas) murieron aplastados cuando ésta se desplomó una hora después del impacto del segundo avión.

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Fuente: http://www.teinteresa.es/mundo/sacrificio-bomberos-policias-sanitarios-atentados_5_550794922.html?itemId=2

Pero la teoría y la experiencia en casos de catástrofe se difumina. Y lo cierto es que muchos de nosotros, si en el futuro tenemos que enfrentarnos a una de esas situaciones tan difíciles, de manera totalmente inconsciente, quizá traspasemos esas líneas de seguridad. Porque la presión social a nuestro alrededor y el instinto, y el corazón, no nos dejará quedarnos simplemente “organizando ese caos” cuando hay gente pidiendo socorro, niños llorando, heridos, lágrimas, sangre, gritos, horror y muerte a nuestro alrededor. Aunque sepamos que es un error.

Nadie está preparado para algo así. Nadie.

Por otro lado, debemos siempre tener en cuenta que las catástrofes son dinámicas, imprevisibles. No existe una “catástrofe perfecta” que se desarrolle con un patrón determinado y que se pueda prever cómo sucederá al minuto. Hay miles de factores que influyen en ella y no se pueden controlar todos. Es imposible.

La teoría siempre habla de medios sanitarios o de otros cuerpos de bomberos que llegan los primeros al lugar de accidente o catástrofe, pero la experiencia (Madrid, 11-M) nos dice que eso rara vez sucede. Los primeros en llegar son los que ya están allí, supervivientes o testigos, a los que hay que proteger, socorrer y organizar para que no haya más heridos y para que no obstaculicen el trabajo de los profesionales. Y normalmente, y a mi parecer es un gran error, los dejamos fuera de la ecuación de las catástrofes, tanto en la teoría, como cuando se realizan ejercicios de entrenamiento.

VICTIMS OF THE MADRID TRAIN BOMBING ARE HELPED AT ATOCHA STATION.

La experiencia también nos dice (Santiago, 24J) que el ser humano es capaz de reaccionar con gran valor y de manera solidaria y generosa en las condiciones más adversas. Su instinto le hace acudir al auxilio de otras personas. Es capaz de sobreponerse al shock e intentar ayudar. Sin pensárselo, aún poniendo su vida en peligro. Cada uno de ellos son parte dinámica e imprevisible de la catástrofe, y cada una de sus acciones y reacciones influirá en el desarrollo de la misma.

Ojalá la experiencia de estos días nos lleve a la conclusión de que la población debe estar formada en la actuación en emergencias y catástrofes. Que sepan lo que pueden pero sobre todo, lo que no deben hacer.

Debemos aprovechar su potencial para que sean capaces de actuar durante los primeros minutos hasta la llegada de los Servicios de Emergencias. Los ciudadanos pueden canalizar esa disposición tan ejemplar para preparar la zona, despejándola para que los profesionales desplieguen su material logístico, ayudar a señalizar los accesos, traer mantas y agua, auxiliar a los heridos más leves y alejarlos del lugar del accidente, todo ello sin poner su vida en peligro y sin exponerse a situaciones de alto impacto psicológico que les costará años poder digerir. Pueden también organizarse en una zona común una vez que lleguen los profesionales y quedarse esperando por si se precisa su ayuda para alguna cuestión: quizá sea presionar una herida que no deja de sangrar, ayudar a movilizar algún herido, quizá acompañar a un niño que se encuentra sólo o simplemente coger la mano de alguien que necesita consuelo.

Organización, coordinación y comunicación. De todos los intervinientes, profesionales y población. A mi parecer esa es la clave de la actuación en una catástrofe. Tan fácil sobre el papel y tan difícil sobre el terreno.

Y, sin ninguna duda, educación en emergencias a toda la población.

 
Nota: esta entrada en el blog la he escrito con mi chaleco de enfermera puesto, intentando que las emociones y sentimientos como ser humano no nublaran mi juicio como profesional sanitario, y siempre con el máximo respeto y reconocimiento a todos los que, en alguna ocasión, se han enfrentado y han ayudado en una situación de catástrofe, con o sin uniforme.
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12 Comments

  1. Las reacciones sobre el terreno “real” son complejas … pero estoy totalmente de acuerdo contigo, sería bueno, muy bueno, saber que hacer y sobre todo, que no hacer … cada vez que se lo ha comentado a mi hija (tiene ahora 19) le ha encantado la idea, en el instituto le hubiese gustado mucho ese tipo de formación.
    Los seres humanos somos, por Naturaleza, solidarios y “ayudadores” … aunque a veces parezca que no.

  2. Y en el momento de la verdad, casi prima más el sentido común que los planes, documentos y protocolos. Y no digo que no se sigan, pero una cosa es diseñar una intervención y otra la pura realidad. Por eso, como bien dices, la formación general a la ciudadanía es algo esencial para conseguir que la respuesta ante las catastrofes sea la mejor posible.

    Gracias por tu post

  3. Cuesta hacer las reflexiones, pero tu has hecho algunas acertadas. Yo le estoy dando vueltas en la misma linea a los primeros intervinientes sanitarios. Pero una de las claves es la de la población ellos sin que son “los primeros intervinientes” y se le debiera instruir en que hacer en estos casos sin poner en riesgo sus vidas como los ejemplo que tu aportas.Pero en este país hay un handicap cultural de un lado el “aquí nunca pasa nada” quizás porque no queremos que pase y de otra ese sentimiento que tienen algunos ciudadanos que sin están en primera linea no están ayudando.

    Estamos dando los primeros pasitos, en buena direccion la lectura de tu articulo me refuerza en ello.

    ¡Gracias!

  4. Totalmente de acuerdo con tu reflexión, creo que formar de forma adecuada a la población general ayudaria a salvar vidas, NO solo de los afectados por los incidentes y emergencias sino también de los primeros intervinientes. ( sin ser “catástrofe” cuantas veces leemos en la prensa: conductor atropellado cuando iba a socorrer a otro vehículo accidentado”).

  5. Excelente artículo.
    Sólo me gustaría reflexionar contestando a quienes piensan que en situaciones así, la teoría no se puede aplicar; que los planes, protocolos y procedimientos no sirven. El problema, es que esa línea argumental sirve para tolerar que cada uno actúe como mejor crea y no sea posible organizar la respuesta. Sin embargo, si actuamos así, esta respuesta corre un serio peligro de convertirse en una respuesta ineficiente, restando posibilidades de supervivencia a las víctimas y agravando potencialmente las consecuencias de sus heridas.

    La teoría tiene que partir de que haya buena ciencia. En medicina, nadie cuestiona la praxis, porque esta tiene su origen en investigaciones rigurosas que se transforman en teoría para que toda la comunidad sanitaria aprenda cuál es el mejor modo de resolver un problema médico. Con la gestión de emergencias debería ocurrir lo mismo.

    Si los planes, protocolos y procedimientos no funcionan en estos casos es porque no se basan en las hipótesis correctas. Por ejemplo, como muy bien dice el artículo se asume que los servicios de emergencias son los primeros en llegar, cuando no es cierto. Ya hay muchas invertigaciones que confirman el artículo. Lamentablemente, son las universidades americanas las que suelen tener los recursos para estas investigaciones y sus resultados pocas veces son aplicados en nuestra planificación.

    Está claro que en nuestro país necesitamos más recursos para la investigación, para hacer buena teoría y mejorar así nuestros planes, protocolos y procedimientos. Tenemos la obligación de aprender de nuestros errores, pues causan demasiado sufrimiento.

  6. Como bien dices, la educación a la población es esencial. Es imposible controlar el impulso de las personas a ayudar en caso de una catástrofe. Función de los cuerpos de seguridad es acordonar la zona y evitar que estén en la zona otras personas que no sean los profesionales de emergencias y cuerpos de protección. Lo que ocurre es que ante un accidente de más de 200 víctimas todo se desborda y ocurren situaciones incontrolables, como las vistas en Santiago.
    A ello, se debe sumar lo que parece evidente: nadie asumió el mando operativo y se solapaban diferentes cuerpos de seguridad con diferentes mandos, no existían comunicaciones entre ellos y no hubo un PMA.
    Aprender de este tipo de sucesos debería ser asignatura obligada, igual que educar en protección civil y emergencias ala población.

  7. Hola Esther
    Todo está dicho, pero sólo quería comentar que me estaba acordando de un relato de un chaval de 20 años al que entrevistaron nada más ocurrir el incidente, in sito y por radio, era una víctima que salió ileso y relataba: “…yo estoy bien, recuerdo estar escuchando música con mis cascos y de pronto, estar aquí tirado…he intentado ayudar a una persona…luego a una mujer, pero no he podido ayudar a nadie…yo estoy bien…” En ese momento comenté con un amigo con el que escuchaba la radio que el estado de shock de las personas en catástrofes o accidentes, quizás se podrían reducir con formación en urgencias y emergencias de la ciudadanía como tú bien aportas. Es indudable que el nivel de respuesta y reacción de las personas ante situaciones dramáticas extremas va a ser muy variable e incluso inimaginable para algunas personas (líbreme de juzgar a nadie), pero si existe un cierto entrenamiento en simulacros y formación en emergencias a la población, pienso que ayudaría a incorporar y recordar actuaciones simples y eficaces para situaciones de urgencias.
    Enhorabuena y gracias, has sabido abordar el tema de una manera muy profesional. Saludos.

  8. Enhorabuena, muy interesante y nos ayuda a comprender lo complejo que es actuar correctamente y sin riesgos en situación de emergencia o catástrofe. La concienciación y difusión es importantísima, nos refuerza en que #EdCivEmerg es una necesidad.
    Buen verano!!

  9. Yo hace tiempo que deje de participar en los simulacros. La idea es buena pero no como yo los he vivido.
    Está todo tan calculado, preparado que no permite valorar la respuesta real ni los conocimientos del personal.
    Se nos tendría que poner a prueba de un modo más real, sin preaviso ni reuniones de preparación.
    Creo que aprenderíamos más y se sacarían muchas más conclusiones.
    No quedaría tan guapo ni espectacular pero mucho más realista y válido para pulir y aprender.

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