FAMILIA Y EMERGENCIAS

La presencia de los familiares durante la realización de determinadas técnicas de emergencia no ha sido un tema exento de cierta controversia entre los profesionales sanitarios. A mediados de Marzo, el New England Journal of Medicine publicaba un artículo que concluye que la presencia de familiares durante la reanimación en el domicilio no muestra ninguna desventaja , ni para el paciente, ni para sus familiares ni para el equipo de RCP, sino que, al contrario, se asocia a una mejor aceptación de la situación y sus consecuencias por parte de los familiares.

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Yo siempre he pensado que la presencia de los familiares durante la reanimación es algo beneficioso para ellos. Puede que algunos compañeros se sientan presionados, o crean que van a ser juzgados posteriormente por los familiares, o que se exponen a la posibilidad de ser denunciados. Yo no lo creo así. Yo intento hacer mi trabajo de la manera más profesional posible, con la puerta abierta o con la puerta cerrada. Quizá la privacidad que te proporciona una habitación cerrada de lugar a que los comentarios entre los miembros del equipo sean más distendidos, pero creo que la angustia que sufre un familiar que no sabe lo que está pasando al otro lado de la puerta es suficiente motivo para no cerrarla.

Aunque la decisión de que los familiares presencien una reanimación no siempre depende de nosotros. Creo que muchos tenemos nuestra propia teoría, basada en la experiencia personal, sobre el comportamiento de los familiares o testigos ante una emergencia. Mi teoría es que puedes saber si el ambiente va a ser más o menos hostil desde que abres la puerta del portal del piso al que te diriges. Si es una casa baja o local público, lo sabrás nada más bajarte de la ambulancia. El comportamiento de la gente que te señala el lugar, los gritos, lamentos e incluso los ojos de la gente te dan pistas sobre lo que te vas a encontrar. Y eso te enseña a estar preparado y sobre todo, a coger aire.

Porque al contrario de lo que pudiera alguno creer, muchas veces no somos recibidos de manera amigable, ni por familiares ni por testigos. Ni que decir tiene que la implicación de niños en cualquier escenario de una emergencias hace de este un ambiente hostil para el equipo de emergencias en la mayoría de las situaciones. No me cansaré de explicar en los cursos a personal no sanitario (sobre todo a madres y padres) lo largos que se hacen 5 minutos esperando a una ambulancia. El tiempo, en el lado donde está la emergencia, se ralentiza. Y los segundos parecen minutos, y los minutos parecen horas. Por lo que cuando nosotros llegamos no es extraño escuchar comentarios del tipo: “¿Qué pasa? ¿Os estabais tomando un café?” “¡Llevamos media hora esperando!¡Se va a morir!””¿Pero cómo se puede venir tan tranquilamente a una emergencia?” y otras lindeces. La experiencia te enseña que la gente no sabe reaccionar ante las emergencias, no sabe qué hacer, se sienten frustrados, con miedo, y cada uno lo exterioriza de diferente manera. Y debemos estar, como profesionales, por encima de esas reacciones y declaraciones que generalmente son injustificadas y desproporcionadas. Primero, evitando contestaciones fruto de los nervios y la presión, segundo, evitando juzgar a esa persona que reacciona de esa manera ante una emergencia. Por eso hay que coger aire.

Desde luego, ante una situación de emergencia en la que las reacciones son violentas y el trabajo y/o la integridad del equipo puede verse comprometida, lo mejor es aislarse del entorno y solicitar apoyo de las fuerzas de orden público. En estas situaciones difíciles, creo que una de las cosas principales que hay que hacer es identificar al familiar o testigo que se encuentre más calmado o que reaccione de una manera más coherente, y solicitarle su ayuda para que calme a los suyos o para que permanezca a vuestro lado. Cuando el problema es más el nerviosismo que la violencia, el mantenerlos ocupados con pequeñas cosas suele funcionar: “Tráigame los informes”, “vaya a la cocina a por un vaso de agua para otro familiar”, “sujéteme el suero”, “tráigame una bolsa de basura”.

A diario vivimos situaciones kafkianas, a veces peligrosas, a veces irritantes, a veces emotivas y a veces cómicas mientras atendemos las emergencias. Normalmente los problemas se resuelven de manera satisfactoria para familiares y equipo de emergencia. Esa tensión inicial que a veces nos encontramos se transforma en un sentimiento de gratitud una vez atendemos al paciente, calmamos e informamos a la familia y ven que trabajamos con máxima profesionalidad. Y creo que eso es lo verdaderamente importante.

 

 

Publicaciones relacionadas:
Presencia familiar durante maniobras de reanimación: Estudio en el ámbito extrahospitalario en la Comunidad Autónoma Vasca http://www.semes.org/revista/vol18_3/2.pdf
La presencia familiar durante la resucitación médica (RCP) tal como aparece en las series televisivas de gran audiencia: House, Grey´s Anatomy, Medic http://journal.eticaycine.org/La-presencia-familiar-durante-la

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6 Comments

  1. Felicidades Esther por el abordaje a un tema que puede generar incomodidad entre los profesionales, pero que puede devolver el protagonismo a quien (en mi opinión lo debe tener).

    Como bien apuntas no hace falta que te plantes el ambiente hostil una vez iniciada la actuación, como te reciben ya te da información suficiente para poder tomar decisiones en uno u otro sentido.

    Por convencimiento soy de los que piensa que el entorno del afectado puede y debe participar si se siente capaz (algo que nosotros también podemos percibir). Mi experiencia es que agradecen la oportunidad, y en muchos de los casos les ayuda a afrontar su duelo el haber participado en el intento de reanimación.

    Aunque en este campo nunca se puede generalizar, si que parece bueno y oportuno poner el tema sobre la mesa, para la reflexión persona.

    Gracias por tu aporte

    • Totalmente de acuerdo. A veces no es posible hacerles partícipes por el espacio, o porque realmente no están en condiciones, pero creo que la posibilidad de estar presentes es una cosa que debe favorecerse desde los equipos de emergencia.

  2. Genial post, gracias Esther.
    Siempre recuerdo las RCP realizadas en el hospital o en los boxes de urgencias, con los familiares detrás de las puertas y cortinas, sin poder despedirse de sus seres queridos en el caso de que no hubieran salido adelante, angustiados, olvidados, oyendo todo tipo de ruidos y sonidos…. no me gustaría estar en su piel.
    Creo que la participación de alguna manera de estos familiares es indispensable para que puedan luego seguir adelante.
    Gracias por la reflexión.

    • Rosa, la verdad es que yo hago distinción entre ambos ambientes. No es lo mismo la extrahospitalaria, donde nosotros somos quienes invadimos la intimidad del paciente y su familia que el hospital, donde es el paciente y familia quien se encuentra en un ambiente hostil.

      No se hasta qué punto es posible que en un hospital se sigan las recomendaciones que yo hago para extrahospitalaria, porque hay que contar con el tema de la intimidad del paciente. En una casa, cuando la habitación es pequeña, basta con dejar la puerta abierta. En un hospital, esto a veces no es posible. El espacio en muchos casos es limitado y la familia dentro de un box o habitación puede interferir en las maniobras, y no podemos dejar la puerta abierta si no nos aseguramos de que nadie ajeno a ese paciente pueda pasar por allí.

      Creo que en ese caso (hospital) es un poco más complicado.

  3. Reconozco que al principio era muy reticente a permitir la presencia de familiares. Pero a lo largo de los años, en aquellas ocasiones en las que por un motivo u otro han estado presentes, no han causado molestia alguna y han logrado mantener la calma. Si fue o no beneficioso para ellos a la larga no puedo saberlo por no hacer seguimiento de ningún caso en el que haya intervenido.

    Sobre saber si el ambiente es hostil o no, todos tenemos zonas en las que no entramos normalmente si policía, lo cual no nos deja exentos del riesgo de que un sitio “normal” se convierta en una zona de riesgo. En esos casos hay que andar con pies de plomo y no dejar nunca solo a ningún miembro del equipo. Especialmente si va a dar una mala noticia.

    Sobre las frases con las que nos reciben personas que están nerviosas, acostumbro a ignorarlas de entrada, porque al final se suelen calmar solos. Si nos entorpecen, hasta ahora casi siempre me ha bastado con un “vamos a aprovechar que estamos aquí y atender a su familiar, si quiere luego hablamos de este tema ¿le parece bien?” y funciona. En casos extremos hemos llegado al insulto, amenazas o intentos de agresión. Eso lo denuncio sistemáticamente.

    Buen artículo, gracias por compartirlo.

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