GRABADO A FUEGO

Hace muchísimo tiempo que tenía ganas de escribir este post. El día que mi querido Rafael Pardo escribió sobre la “legalidad” de un tatuaje a la hora de usarlo como documento de voluntades anticipadas me surgió una duda que aún sigo sin resolver, y tras haber leído casos relacionados con lo que él nos exponía en su post, quería darle una pequeña vuelta de tuerca al tema.

Fuente: http://tyreandkerb.com/tattoos-as-medicalert/

Fuente: http://tyreandkerb.com/tattoos-as-medicalert/

Parece ser que existe una “moda” en el tatuaje: el tatuaje con propósito de identificación médica (Medical tattoo) para condiciones que requieren atención especial durante las situaciones de emergencia, tales como pacientes con diabetes que pueden encontrarse inconscientes debido a una hipoglucemia, o con alergias a un fármaco, sustancia o alimento específico. Este nuevo fenómeno, llevado a cabo por los propios pacientes sin ninguna recomendación por parte de sus médicos, no está exento de controversia.

He de decir que nunca me he visto envuelta en una emergencia en la que tener que decidir o plantear la validez de un tatuaje como documento “médico”, pero lo cierto es que es un tema que está ahí y que deberíamos abordar previamente a que se nos presente, puesto que en “caliente” quizá tomemos una decisión incorrecta.

Quizá ninguno de nosotros dudaríamos en la actuación ante un paciente inconsciente en el que descubrimos un tatuaje advirtiendo que esa persona padece una enfermedad crónica como la Diabetes Mellitus. Si por protocolo ante una inconsciencia de origen desconocido una de las causas a descartar sería precisamente la hipoglucemia, más rápidamente lo harías si ves este tatuaje. Le realizarías inmediatamente una glucemia para comprobar si realmente es esa la causa de su cuadro.

Pero una hipoglucemia es un cuadro fácilmente descartable, por lo que hacer caso o no de un tatuaje de advertencia de Diabetes se me antoja poco comprometido.

Vayamos un paso más allá. El paciente inconsciente o desorientado debido a un traumatismo craneoencefálico derivado de un accidente de tráfico en el que descubres un tatuaje advirtiéndote de que es alérgico a uno de los fármacos que precisas ponerle para realizar alguna técnica o para analgesiarle.

Alérgico a Vecuronio y Propofol

Alérgico a Vecuronio y Propofol

Bien, creo que este caso también tiene fácil solución. Primero, porque en la mayoría de las ocasiones vas a tener alternativas a ese fármaco (aunque en extrahospitalaria puede que no, dependiendo de la dotación de la ambulancia) y segundo: ¿Alguien en su sano juicio va a plantearse el poner un fármaco a una persona inconsciente tras ver un tatuaje advirtiendo que es alérgico a ese medicamento? Yo personalmente pensaría que si una persona se tatúa algo así es que realmente tiene alergia a esos fármacos, y en ningún caso se trata de una broma, de una locura o de querer fastidiar a los servicios de emergencias con algún tipo de juego macabro. De todos modos, la prudencia nos llevaría a no administrarle ninguna de esas sustancias.

¿Y si en lugar de aplicarle un tratamiento se tratara de realizarle una prueba diagnóstica? Nos podemos encontrar, una vez que el paciente llega (aún inconsciente o desorientado) a la sala de urgencias con que es necesario realizarle una Resonancia Magnética. ¿Qué pasaría si nos encontramos con un tatuaje de este tipo?

Seguramente optaríamos de nuevo por realizar otra prueba diagnóstica como alternativa, hasta comprobar que realmente no puede ser sometido a una Resonancia Magnética.

En el caso de paciente que muestra la advertencia de que tiene un estimulador cerebral profundo, la noticia donde encontré la fotografía explica que, debido a los implantes electrónicos que lleva en el cerebro, tampoco debería ser desfibrilado. ¿Y si nos encontramos este paciente en parada cardiaca, fibrilando? Alguien dejaría de desfibrilarle por la advertencia del tatuaje? Vuelvo a pensar que no, puesto que el único tratamiento eficaz para una fibrilación ventricular es la desfibrilación cardíaca, y estaríamos ante un caso claro en el que prima la vida del sujeto por encima de la función, por lo que, aún a riesgo de estropear sus implantes, ese paciente sería desfibrilado para intentar salvar su vida.

Pero imaginaos que ponéis un fármaco a una persona inconsciente haciendo caso omiso a la advertencia de su tatuaje donde pone que es alérgico a esa sustancia. ¿Cuál sería la responsabilidad legal en caso de denuncia? ¿Creéis que un juez os condenaría por negligencia? ¿Sería válido a efectos legales ese tatuaje como documento médico?

¿Y si, tal y cómo planteaba Rafa en su post, atendemos a una persona en parada cardíaca con un tatuaje indicando su voluntad de no ser reanimado? ¿Le reanimaríamos? ¿De qué dependería? Y si luego nos denunciara por haberle reanimado, ¿sería válido para el juez este documento tatuado?

http://www.thestar.com/life/health_wellness/2012/02/28/tattoos_can_be_used_to_warn_first_responders_of_medical_conditions.html

Dr. Ed Friedlander enseña un tatuaje con su voluntad de no ser reanimado

Sentada delante del ordenador, me cuesta decidir si reanimaría a una persona en la que encontrara un tatuaje diciendo que no quiere ser reanimada. Primero, ¿cómo saber si ha muerto de manera accidental o por causa derivada de una enfermedad y no ha sido un intento de autolisis? Por otro lado, ¿actuaría de manera diferente dependiendo de su edad? ¿Intentaría reanimarle si es una persona joven y no hacerlo si es una persona anciana? ¿Por qué motivo? ¿Nos cuesta asumir que una persona joven quiera morir o, mejor dicho, no quiera seguir viviendo en determinadas circunstancias? ¿Qué derecho tenemos los sanitarios a decidir o poner en entredicho la decisión de esa persona?

A diario se nos plantean situaciones a las que no tenemos respuesta. Muchas veces actuamos guiados por el sentido común, pensando en no traspasar la delgada línea de la irresponsabilidad y siendo más bien conservadores con respecto a nuestras decisiones, pero lo cierto es que en nuestro trabajo siguen existiendo vacíos legales que, a mi parecer, nos dejan desprotegidos y, por tanto, a merced de la interpretación que los jueces hagan de las leyes vigentes.

 

 

Fuentes:

http://www.dailymail.co.uk/news/article-2034647/Joy-Tomkins-81-resuscitate-tattoo-chest-PTO-inked-back.html

http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/se-tatuaje-en-el-pecho-para-que-no-la-resuciten

http://news.bbc.co.uk/2/hi/health/2819149.stm

http://www.perdidosenpandora.com/2011/09/no-rcp-lo-harias.html

http://www.thestar.com/life/health_wellness/2012/02/28/tattoos_can_be_used_to_warn_first_responders_of_medical_conditions.html

http://www.ctvnews.ca/medical-tattoos-offer-important-health-information-1.774009

https://mysendoff.com/2012/08/new-tattoo-trend/

http://www.australiandoctor.com.au/news/latest-news/warning-over-medical-tattoos

http://www.thewesternstar.com/Arts-Life/Health/2013-01-07/article-3151322/Shaking-the-tremors/1

http://lisamariescijourney.blogspot.com.es/2012/10/medical-alert.html

http://www.torontosun.com/2012/05/14/medical-tattoos-on-the-rise-report

 

9 Comments

  1. Si una persona lleva una placa de oro con una advertencia, nadie se cuestiona que es real, si se ha molestado en hacerse un tatuaje para advertir de ello, me creo que es real también. Las consideraciones legales no se cuales son. Sería mejor poder meter nuestra historia clínica en un chip y llevarlo implantado en el hombro, hablado con informáticos parece que es posible, luego necesitas un lector de códigos para acceder. En cuanto a si es legal acceder a toda su historia, supongo que estan legal como hurgar en el bolso de una persona inconsciente para saber como se llama y buscar su nº de tarjeta sanitaria. Las personas han recurrido a un sistema imborrable e infalible, mejor que la chapita que llevaba yo esta semana, pues se me ha roto la cadena y ya no la llevo, el tattoo es una opción mejor…es imborrable y debería tener validez legal.

  2. Sobre los tatuajes, yo opino lo mismo que Sara. Debería ser completamente legal. Como tu has dicho Esther, si alguien se hace un tatuaje de ese tipo tiene toda la pinta de ser cierto, no tendría sentido que fuera una broma o un juego. Sin embargo, en el caso de que una persona llevara el tatuaje de “no reanimación” y de repente entre en parada, no sabría que hacer. El sentido común me dice que, en ese momento, le reanimaría. Pero tengo dudas. Demasiadas preguntas que aún no tienen respuesta.

    Un saludo ;)

  3. Opino igual que vosotros, seria de locos no tener en cuenta lo que alguien se ha tomado la molestia de hacerse tatuar en la piel, pero al igual que Manuel nos plantea, un “No RCP” me plantearía un serio dilema que no se como resolvería (espero no tener que plantearmelo nunca…)

    Saludos!!

  4. Muy interesante tema, Esther, y como siempre muy estimulante.

    Permíteme añadir alguna consideración al respecto.

    Primero, en contra de lo que sugieres, los profesionales sanitarios no actuamos por sentido común, sino que respondemos motivados por un bagaje de conocimientos y experiencia, que es el que nos permite escoger las mejores opciones en cada momento. Este bagaje de conocimientos y experiencia también supone una enorme responsabilidad, en tanto que nuestras decisiones comprometen en muchos casos la calidad de vida futura y la propia supervivencia de nuestros pacientes.

    Entre otros factores, esta importante responsabilidad que asumen los equipos sanitarios permite que, aún hoy, no hayamos conseguido desprendernos del todo del rol paternalista del profesional sanitario que actúa sobre un paciente ignorante e indefenso, asumiendo que nuestras decisiones son en todos los casos más acertadas que las que pueda tomar un ‘lego’ en la materia, incluido el propio paciente.

    ¿Debemos reanimar a un paciente que expresa de forma evidente su decisión de no ser reanimado? ¿Debemos considerar un tatuaje como un medio válido del paciente para expresar su voluntad en el ámbito médico?

    La ley 41/2002, de 14 de noviembre, regula los derechos de autonomía y de información de los pacientes ante cualquier actuación en el ámbito sanitario. Esta adaptación de la Ley General de Sanidad conlleva la obligación de todo profesional sanitario no sólo a seleccionar y realizar correctamente las técnicas precisas en cada caso, sino al cumplimiento de los deberes de información al paciente y al respeto a las decisiones adoptadas libre y voluntariamente por éste. Esta ley responde claramente a la primera pregunta, obligando al personal sanitario a respetar las decisiones expresadas por el paciente, incluso cuando, como profesionales, consideremos estas decisiones inadecuadas o poco acertadas, y sin menoscabo de la obligación de informar al paciente, de forma comprensible para él, sobre su situación y sobre las alternativas diagnósticas o terapéuticas que en cada caso procedan.

    El Real Decreto 124/2007, de 2 de febrero, regula el registro nacional de instrucciones previas. Es cierto, sin embargo, que este registro resulta ineficaz ante situaciones de urgencia, muy especialmente en el ámbito extrahospitalario, pues no permite que los profesionales sanitarios puedan acceder a información relevante en tiempo real. Como alguien ya ha mencionado, dentro de veinte años, cuando tengamos un acceso directo a información clínica relevante mediante una historia clínica electrónica común y podamos, desde cualquier ámbito, conocer alergias, antecedentes e instrucciones previas determinadas por el paciente, no serán necesarios otros mecanismos de información (pulseras, colgantes, tatuajes) que garanticen que los profesionales sanitarios que atienden urgencias y emergencias médicas conozcan estos datos, en muchos casos cruciales.

    Hasta que tal acceso a información clínica relevante del paciente sea posible en tiempo real, diversos protocolos de actuación, incluidos los de la AHA, incluyen entre sus recomendaciones a los profesionales sanitarios la búsqueda activa de pulseras o colgantes donde el paciente pueda dejar constancia de problemas de salud relevantes o alergias médicas. Tiene razón Esther cuando afirma que no existe una legislación específica que obligue a los profesionales sanitarios a buscar de forma activa instrucciones o información clínica en colgantes, pulseras o tatuajes. Y sin embargo, no es tanto una cuestión de sentido común como de ética profesional y de respeto a la autonomía del paciente y a sus decisiones, aspectos sí contemplados por la normativa vigente, el que, en caso de encontrar información clínica clara, inequívoca y relevante, actuemos en consecuencia.

    La legislación española actual en materia de instrucciones previas sólo pone a disposición del paciente la vía de la documentación a incluir en su historia clínica y en el registro nacional. No obstante, la ley de autonomía del paciente sí nos obliga a respetar las decisiones expresadas por el paciente. Resumiendo, si en el pecho desnudo del paciente en parada cardiorrespiratoria al que voy a desfibrilar veo un mensaje claro e inequívoco que expresa que no se realice una desfibrilación, no debo desfibrilar. Por motivos éticos, pero también por los motivos legales que contempla la ley de autonomía del paciente.

    • Como bien dices, en muchas ocasiones es el paternalismo el que nos lleva a tomar decisiones que afectan a “nuestros pacientes” sin tener en cuenta sus deseos u opiniones, y mucho menos su derecho.

      En la emergencia extrahospitalaria en muchas ocasiones nos vemos forzados a tomar decisiones porque no tenemos acceso a la documentación, historia clínica ni registro de instrucciones previas, y en muchas otras, nos guiamos de lo que dice la familia o de las decisiones que ellos toman.

      ¿Qué crees que haría un equipo sanitario que llega a un domicilio en el que hay un paciente en PCR y cuya familia ha llamado diciendo que está en parada, y cuando llegamos nos encontramos a la familia nerviosa, gritando y pidiendo que le ayudemos, que le “resucitemos”, que no le dejemos morir y al descubrirle el pecho nos encontremos con un tatuaje que pone “No RCP?

      Si el equipo no reanima y la familia denuncia:
      ¿Qué diría el juez? ¿Aceptaría como documento válido el tatuaje a falta del registro de instrucciones previas?

      Si el equipo reanima y el paciente sobrevive y denuncia al equipo médico:
      ¿A favor de quién fallará el juez? ¿dará entonces ese tatuaje como documento válido?

      ¿Crees que influye la edad del paciente? ¿Y si es un chico de 25 años?

      Por desgracia, creo que los jueces a veces también actúan de modo paternalista y su interpretación de las leyes varía mucho de un caso a otro, aunque la cuestión (si vale o no el tatuaje) sea el mismo.

      Esta es una cuestión que a mi me preocupa, puesto que aunque una persona tenga un carnet de donante y/o haya expresado en vida su voluntad de donar sus órganos, en muchos casos esta voluntad no se respeta y si la familia dice que no quiere donar, no dona. ¿Crees que algún médico se va a empeñar en realizar la extracción de esos órganos sin el consentimiento del familiar, por mucho carnet de donante que tenga? Yo creo que no.

      Una cosa es la ética y otra la legalidad. ¿reanimaría a una persona que tiene un tatuaje de no reanimar? Éticamente, no. Legalmente: no lo se. A pesar de lo aclaratorio que ha sido tu comentario, dudo que un juez tuviera la seguridad que tienes tu a la hora de dictaminar sobre este tema.

      Mil gracias por tu visita!

  5. Hola Esther,
    Tienes toda la razón, y espero que mi aparente seguridad en la defensa del derecho de autonomía del paciente no se confunda con una seguridad real en el ámbito legal sobre las actuaciones a seguir ante un tatuaje con expresión de instrucciones asistenciales.

    La postura personal que planteo de primar el derecho de autonomía del paciente (el respeto a las decisiones del paciente como principio de ética de máximos) sobre el principio de beneficencia (mi deber de extremar, con mi actuación clínica, los posibles beneficios para el paciente), aunque encuentra sustento legal, no tiene un sustento inequívoco en el ámbito de urgencias, y mucho menos ante un tatuaje.

    Desde un punto de vista estrictamente legal, el único medio que un paciente tiene para plantear su negativa a recibir una reanimación básica es la cumplimentación del documento de instrucciones previas definido en su comunidad autónoma, posteriormente elevado al registro nacional. No he conseguido documentación actualizada de las distintas comunidades, pero en 2007 solamente la comunidad de La Rioja incluía la posibilidad de que un paciente pudiese rechazar una RCP “cuando esta resultase inefectiva para mantener una adecuada calidad de vida”. Actualmente, el Principado de Asturias o la Comunidad de Madrid, por ejemplo, contemplan explícitamente, en su documento de instrucciones previas, la posibilidad de que un paciente pueda rechazar la aplicación de técnicas de soporte vital en caso de enfermedad incurable avanzada, enfermedad terminal o situación de agonía.

    De forma evidente, el Registro Nacional de Instrucciones Previas es ineficaz, actualmente, en el ámbito de las urgencias y emergencias, y muy especialmente en el ámbito extrahospitalario, para servir de medio de comunicación válido entre el paciente y el equipo clínico que debe atenderlo. Además, la variabilidad en la definición particular y en la aplicación de la ley de instrucciones previas por parte de las distintas comunidades autónomas, así como la propia variabilidad clínica por parte de los profesionales sanitarios en sus actitudes respecto a los cuidados al final de la vida, facilitan que algunos colectivos de pacientes busquen formas imaginativas de comunicarse con los clínicos, como son los tatuajes con expresión de voluntades en el ámbito asistencial, aun a pesar de la falta de sustento legal para tales acciones.

    En este contexto, ¿cuál es nuestro deber como clínicos? El código penal castiga la denegación de auxilio y penaliza asimismo el auxilio al suicidio. ¿Tenemos algún derecho a considerar un mensaje tatuado como complemento válido a la cumplimentación de un documento de instrucciones previas, que es el procedimiento legalmente establecido para dar expresión a la voluntad del paciente en caso de no tener capacidad para hacerlo en el momento necesario? ¿Podemos primar el respeto al deseo expreso del paciente, y con ello a su dignidad y a sus valores, por encima de aspectos estrictamente formales? ¿Acaso, como apuntas, no cabría la posibilidad de que un suicida se tatuase el NO RCP para asegurar la efectividad de un acto autolesivo?

    Los casos más habituales de pacientes que se plantean rechazar una RCP están relacionados con enfermedades crónicas avanzadas o con situaciones terminales, y estoy convencido de que cualquier profesional sanitario, más allá de sus planteamientos personales e independientemente de la edad del paciente, está preparado para actuar conforme a la compleja decisión del paciente en este contexto clínico, siempre que sea conocedor de dicho contexto. Pero describes otras posibilidades, como el paciente que podría preferir no ser desfibrilado antes que perder sus implantes cocleares. Soy consciente de que no se trata de un caso real (el paciente no se tatuó un NO RCP), y sin embargo casos equivalentes existen y resultan aún más complejos para el clínico.

    La posibilidad de “primar la voluntad capaz, libre, voluntaria y consciente del paciente sobre el derecho a la propia vida” está recogido explícitamente en una sentencia del Tribunal Constitucional, de 18 de Julio de 2002, en la que se defiende el “derecho de autodeterminación (del paciente) que tiene por objeto el propio sustrato corporal –como distinto del derecho a la salud o a la vida- y que se traduce en el marco constitucional como un derecho fundamental a la integridad física”. Esta sentencia viene a sustentar el derecho de autonomía del paciente en las decisiones clínicas que afectan a su “integridad”, y que daría cabida al paciente teórico de los implantes cocleares que toma una decisión capaz, libre, voluntaria y consciente de no ser sometido a una descarga eléctrica, para preservar sus implantes, aunque con ello se ponga en riesgo su propia vida.

    Es casi inevitable que nuestra sensibilidad individual y nuestros conocimientos técnicos como clínicos entren en conflicto con decisiones de pacientes que rechazan tratamientos o procedimientos diagnósticos necesarios. Y sin embargo, creo que es fundamental integrar plenamente el derecho de autonomía del paciente como parte básica de la relación terapéutica, incluidos sus aspectos más controvertidos, como es la posibilidad de rechazo del tratamiento prescrito, en tanto que mejoramos la calidad y cualidad de la información que aportamos a pacientes y familiares.

    Gómez Rubí, al referirse a las instrucciones previas, afirma que “corremos el riego de que lleguen a convertirse en un despropósito similar al alcanzado con el consentimiento informado, donde hemos asistido a la transformación de la conquista más importante en los derechos de los pacientes en un proceso burocrático carente de sentido ético”. Efectivamente, existe la posibilidad real de terminar convirtiendo el derecho de autonomía del paciente en prácticas legales de medicina defensiva en vez de en parte de un proceso de mejora de la relación clínico-paciente, fundamentado en el respeto a la dignidad y a los valores de la persona que atendemos. Todo ello, precisamente, por una limitada integración del derecho a la autonomía del paciente en el ámbito sanitario, supeditada a trámites burocráticos que garantizan la legalidad de la comunicación clínico-paciente antes que su sentido, su valor o sus implicaciones asistenciales.

    Pero sigo hablando de las instrucciones previas, de la relación terapéutica y del respeto a las decisiones informadas adoptadas libre y voluntariamente por el paciente, y no de los tatuajes.

    Los problemas que plantean los tatuajes, como medio de comunicación entre un paciente no válido y el clínico que lo atiende, derivan de la imposibilidad de que los profesionales de urgencias y emergencias tengan acceso, en tiempo real, a la información contenida en el registro de instrucciones previas, y con ello a las decisiones tomadas por el paciente, de forma libre y voluntaria, sobre las actuaciones a seguir o evitar en estos casos. En este sentido, cabe señalar que los tatuajes no están incluidos como forma de comunicación legislada entre pacientes y clínicos y que no existe todavía una normalización de símbolos o mensajes válidos para la comunicación inequívoca entre pacientes y clínicos a través de tatuajes.

    En el contexto de una urgencia médica, la imposibilidad de revisar en tiempo real en el registro nacional de instrucciones previas la corroboración formal de la voluntad del paciente, sin que esta corroboración implique un retraso significativo en el inicio de maniobras básicas de resucitación, incide en la necesidad del clínico de tomar una decisión rápida y acorde a lex artis. La interpretación del tatuaje como un mensaje claro e inequívoco, expresión de la decisión libre y voluntaria del paciente, confrontaría el principio de beneficencia y el derecho de autonomía, debiendo, en principio, prevalecer este último (“Todo profesional que interviene en la actividad asistencial está obligado (…) al respeto de las decisiones adoptadas libre y voluntariamente por el paciente”, artículo 2.6 de la Ley 41/2002 de 14 de noviembre, reguladora de la autonomía del paciente).

    No obstante, es preciso recordar, una vez más, que la interpretación del tatuaje como expresión de una decisión libre y voluntaria del paciente no está regulada, y que la legislación vigente parece primar, en las actuaciones urgentes, el principio de beneficencia sobre el derecho de autonomía del paciente. Los artículos del código penal 412 (castigo al abandono del deber por denegación de auxilio), 143 (penalización del auxilio al suicidio) y, especialmente, el 20.5 (posibilidad de lesionar un bien jurídico de otra persona por “estado de necesidad”, siempre que el mal causado no sea mayor que el que se trata de evitar), protegen de forma inequívoca el principio de beneficencia sobre el derecho de autonomía del paciente, protegiendo al clínico que hace caso omiso al mensaje de NO RCP expresado mediante un tatuaje.

    Tienes razón, Esther, en plantear una diferencia clara entre la ética profesional y el soporte legal de una decisión en este contexto. La ley española actual protegería al clínico que hiciera caso omiso a un tatuaje de NO RCP, por muy claro e inequívoco que fuera el mensaje. A pesar de la 41/2002, la ley no es tan tajante en caso contrario.

    • Hola, meses después, retomo la lectura de este tema y esta vez, participo. Recuerdo que cuando lo leí, me resultó de lo más interesante en cuanto a tatuajes se refiere…por fin un tatuaje útil, jeje. Y lo sigo pensando: para mí, es igual de válido que una tarjetita o un colgante, aunque comparto vuestras profundas dudas. Pero me surge una duda en cuanto a lo que habeis comentado en varias ocasiones respecto a la imposibilidad de poder acceder en tiempo real a la información clínica del paciente o al documento de instrucciones previas. Según tengo entendido, ya existen unidades de soporte vital que cuentan con tablets que permiten el acceso a la historia clínica del paciente. ¿Es esto así o es leyenda urbana? Y si es correcto, el problema es o sería que no existe el acceso a los datos necesarios o no es lo suficientemente rápido?
      Gracias Esther por tus aportaciones, me son tan enriquecedoras!!!

  6. ¡Qué interesante! Desconocía esta moda…
    Sin pensar: respetar la voluntad de la persona.
    Pensando: ¡qué complicado!
    Al final, damos la validez al tatuaje dependiendo de la situación y la concordancia con nuestros valores personales, dejando sitio a cierto paternalismo…
    Se me ocurre, que una alternativa a esta moda podría ser un nuevo tatuaje con un código BIDI que lleve a un documento de voluntades anticipadas debidamente registrado y validado. Y así, la garantía de que se respeta los deseos de la persona.
    Un saludo!

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