LA ÚLTIMA PERSONA

Una de las primeras cosas que te enseñan en enfermería y que encabezan todos y cada uno de nuestros protocolos es explicarle al paciente la técnica que se le va a realizar. Es el primer mandamiento de la enfermería. A veces la prisa, la carga asistencial, la rutina, hace que nos saltemos este pequeño pero importante paso en la atención a nuestros pacientes. Aunque en ocasiones la urgencia y la gravedad del paciente puede complicar esta práctica, este gesto nos puede ayudar a detectar su angustia, tranquilizarle y conseguir su colaboración.

http://peleando-alacontra.blogspot.com.es/2012/01/tormento-desesperado.html

Cuando alguien entra en un hospital, va al médico o a la consulta de enfermería, se encuentra en un territorio hostil. En pocas ocasiones acudimos a un profesional o a un centro sanitario a buscar buenas noticias. No nos engañemos, aunque te sientas bien o sea una tontería lo que te pasa, el miedo “a que te vean algo” siempre está ahí. Pues ese miedo se eleva a la máxima potencia cuando te encuentras tan mal que tiene que venir a buscarte a casa un equipo de sanitarios, vestidos con colores chillones, con cien aparatos diferentes, que invaden tu intimidad, tu hogar y acaban metiéndote en su ambulancia. Sólo hay que fijarse en sus ojos. Ya lo he comentado alguna vez en el blog. Cuando cierras la puerta detrás de ellos, dejando a su familia en la calle, imagino que a muchos se les pasará por la cabeza la idea de que quizá sea la última vez que vean a sus seres queridos. Por suerte pocas veces es así.

Hace unas semanas atendimos a un paciente, llamémosle Pedro, en la UVI Móvil en la que trabajo. Nos avisaron porque presentaba un cuadro súbito de insuficiencia respiratoria grave. Cuando llegamos, Pedro estaba realmente apurado y con una gran dificultad respiratoria que le tenía al borde de la inconsciencia. Todo parecía indicar que tenía un Edema Agudo de Pulmón (EAP), por lo que comenzamos con el tratamiento farmacológico y le pusimos la CPAP.

Su saturación mejoró notablemente pero Pedro seguía muy inestable, con una frecuencia cardiaca muy elevada que no descendía al ritmo esperado. Eso nos llevó a pensar que era una arritmia la causa principal de su cuadro, y según el EKG se trataba de una taquicardia supraventricular que había que revertir debido a la mala tolerancia del paciente.

Después de haberle hecho bastantes “perrerías” al pobre Pedro (vía venosa, CPAP, Sonda vesical) me tocaba explicarle la técnica que le íbamos a realizar, tal y como lo hago habitualmente. Tenía que explicarle a Pedro que le íbamos a administrar un fármaco (Adenosina) que le iba a causar mucho disconfort, aunque este sería de unos pocos segundos y enseguida se pasaría. ¿Cómo decirle a Pedro que ese fármaco podía provocarle una “parada cardíaca” de corta duración, pero que era necesario para intentar restaurar su ritmo cardíaco normal?

Dada su incapacidad para hablar debido a la mascarilla de la CPAP y la dificultad respiratoria que aún tenía, le pedí a Pedro que me mirara a los ojos y que cuando comenzara a sentirse mal por el efecto de la Adenosina, simplemente me hiciera un gesto con la cabeza, para yo poder tranquilizarle y apoyarle mientras pasaba ese mal trago. Así lo hizo. La Adenosina no revirtió la taquicardia pero nos sirvió para diagnosticarla como una fibrilación auricular.

Llegados a este punto y por la inestabilidad de Pedro, tuvimos que plantearnos la necesidad de hacerle una cardioversión sincronizada. Y ahí me tenéis otra vez delante de él intentándole explicar que el fármaco no había servido para que el corazón funcionara correctamente por lo que había que dormirle, analgesiarle y darle una descarga eléctrica en el pecho.

A pesar de que la cardioversión se realiza “sincronizada” para evitar que la descarga provoque una fibrilación ventricular (arritmia letal) en el paciente, yo ya he tenido varios casos en los que tras la cardioversión el paciente fibriló y preciso una desfibrilación para revertir esta arritmia letal. En todos los casos hubo un final feliz, pero ahí estaba el riesgo.

Trabajando en una UVI móvil vivimos situaciones de este tipo casi a diario, y muchas veces no nos damos cuenta de la gran responsabilidad que tenemos cuando realizamos ciertas técnicas. La vida de las personas está en nuestras manos, literalmente. Para los que tenemos cierta experiencia en el campo de la extrahospitalaria estas situaciones pueden resultar incluso rutinarias, no hay nervios, todo está controlado, conocemos las técnicas y protocolos, pero es fundamental ponernos en la piel del paciente, intentar comprenderle, explicarle, calmar su angustia y, sobre todo, acompañarle.

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Aquel día, delante de Pedro, antes de administrarle el fármaco para sedarle, fui consciente de que quizá yo fuera la última persona que él vería si las cosas no salían bien. No vería a su mujer, ni a sus hijos, ni siquiera una cara conocida. Tampoco tendría la oportunidad de despedirse de sus seres queridos. Le miré y sentí la obligación y la necesidad de, al menos, regalarle una sonrisa y una caricia junto con unas palabras amables, mientras Pedro cerraba los ojos por el efecto de la medicación.

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16 Comments

  1. Me ha impresionado tu relato, realmente sois de una pasta especial los que trabajais en las emergencias extrahospitalarias y os admiro profundamente, a ti en especial Esther que te sigo desde hace algún tiempo en twiter, y aprendo algunas cositas gracias a tu blog. Un saludo.

  2. Imprescindible lectura. Totalmente de acuerdo desde el principio hasta el final. A veces da la impresión de que se olvida esta faceta fundamental del trabajo, a mi me la enseñaron mis enfermeros, pero supongo que la empatía la traía de serie. Espero que “Pedro” se pusiera bien. Un abrazo.

  3. Emocionada. Dejando de lado todas las técnicas y protocolos a los que a veces le damos tanta importancia, creo que humanamente tenemos esa responsabilidad. Si yo fuera Pedro, o Pedro hubiera sido familiar mío, te estaría muy agradecida.
    Espero que como enfermera nunca se me olvide ese paso fundamental en la atención al paciente. Enhorabuena doble Esther, te admiro como compañera y me ha encantado el post.

  4. Hay que recordarlo: son personas, les duiele, se preocupan, somos humanos, hay que dar algo más que técnica. Una sonrisa no cuesta. Una palabra amable tampoco. Llamar por el nombre menos.

    Gracias Esther.

  5. La suerte que tuvo Pedro fué, que una profesional, pero sobre todo humana estaba ahí, ya te he dicho otras veces q en ocasiones parecerás a los Pedros de turno un pequeño Ángel

  6. Jolín Esther, se me han puesto los pelos de punta. Espero que todo saliera bien. Enhorabuena por el post y por recordarnos lo que no debemos olvidar nunca. Un saludo 😉

  7. Enhorabuena Esther.
    Aunque no entre en los protocolos, el efecto de los gestos de empatía y hasta cariño, por qué no, es terapéutico. Y si la situación es irreversible y no puede ser terapéutico ya y solo queda al gesto ser de consuelo, el valor es incluso mayor.
    Un beso.
    Blanca

  8. Sólo puedo darte la enhorabuena por el trabajo que realizas, a ti y a tus compañeros.

    Una sonrisa tuya vale mucho Esther.

  9. Después de leer tremendo relato te das cuenta de la gran y difícil labor que hacéis los profesionales de la sanidad, sobre todo en urgencias. No te preocupes Esther, estoy completamente segura que todo aquel que tenga la suerte de ser atendido por ti si lo último que ve es tu cara, se dormirá con una gran tranquilidad. Sólo viendo cómo escribes nos damos cuenta del amor a tu profesión que sale por todos los poros de tu piel. Gracias a ti y a los profesionales como tu. Un saludo.

  10. Magnífico post Esther, que maravilla comprobar que existen profesionales que son conscientes de la importancia vital de su trabajo, y que actuen en consecuencia.
    Chapó !!

  11. Enhorabuena, hoy me voy a dormir muy tarde, pero reconfortada. No sé como he llegado hasta aquí, personas como tu nos hacen sentir confianza cuando estamos enfermos y tambien muy
    orgullosa de formar parte de esta profesión con compañeros como tu.

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